Posicionamos tu negocio donde buscan tus clientes: en los primeros resultados.
Cuatro cosas que conviene tener claras el primer día. Ninguna vende, pero todas son ciertas, y son las que separan un proyecto que acaba bien de uno que acaba decepcionado en el mes dos.
Así funciona Google, y así funciona su negocio: lo inmediato son los anuncios. Si necesitas tráfico la semana que viene, la herramienta correcta es Ads, no SEO. Lo decimos antes de empezar, no en el mes tres.
Un proyecto nuevo, o uno que nunca ha trabajado el posicionamiento, tarda más en despegar que uno con historial. Los plazos cortos solo son realistas en dos casos: una marca que ya es grande, o un sector con poca competencia.
Es constante. En cuanto se para, la competencia recupera el terreno, porque ellos no han parado. El SEO no es una obra que se entrega: es una posición que se mantiene.
Se define, se ejecuta y se mide. Reescribirla cada vez que un dato se mueve es la forma más rápida de no llegar nunca a ningún sitio: ninguna acción llega a dar tiempo a demostrar si funcionaba.
Seis fases, en este orden. Cada una existe porque la anterior la hace posible: no se puede proponer una arquitectura sin saber qué busca la gente, ni decir si algo ha funcionado sin haber medido antes de tocar.
Antes de tocar nada hay que entender qué vendes, a quién y qué se ha intentado ya. La mitad de los proyectos llegan con acciones anteriores que conviene conocer para no repetirlas ni deshacerlas.
La foto de lo que ya tienes. Sin este punto de partida medido no hay forma honesta de decir después si algo ha funcionado — ni de detectar una caída que venía de antes.
Qué busca de verdad quien está a punto de comprar, con qué palabras exactas y cuánta gente lo busca. El foco es transaccional: interesa la búsqueda que trae un cliente, no la que trae una visita curiosa.
Quién se está quedando esas búsquedas hoy y con qué. Saber su autoridad es además lo que permite dar plazos realistas en vez de inventados.
Cómo se ordena la web para cubrir esa demanda: qué páginas hacen falta, cuáles sobran, cuáles se fusionan y cómo se enlazan entre sí. Es la fase que más cambia un proyecto y la que más se salta todo el mundo.
Con la estrategia ya clara, el repaso a fondo de la web: catorce bloques y más de cincuenta comprobaciones, desde cómo está enlazada por dentro hasta cuánto tarda en ser usable en un móvil. Está entera justo debajo.
La auditoría técnica al completo. No es una lista para impresionar: cada bloque explica qué significa y por qué puede estar costándote clientes ahora mismo.
Direcciones limpias, legibles y estables. Una URL que cambia sin su redirección pierde de golpe todo lo que esa página había ganado.
Cómo se pasan importancia las páginas entre sí. Es lo que le dice a Google qué partes de tu web son las que importan — y lo que hace que una página nueva tarde días o meses en despegar.
La jerarquía de títulos de cada página. Es el índice que un buscador lee antes que el texto, y donde más veces se encuentra una web entera compitiendo por la palabra equivocada.
Si cada página dice algo propio y suficiente. Dos que dicen lo mismo compiten entre ellas; una que casi no dice nada no compite con nadie.
Páginas tuyas peleándose por la misma búsqueda. Google acaba eligiendo una —casi nunca la que te interesa— y las dos rinden peor de lo que rendiría una sola bien hecha.
El titular y la descripción con los que apareces en los resultados. No mueven tu posición por sí solos, pero deciden cuánta gente hace clic estando ya ahí.
Formato, peso y texto alternativo. Es lo que más pesa en casi cualquier web y de lo menos revisado; también es la vía de entrada al buscador de imágenes.
El marcado que le dice a Google qué ES cada cosa: un producto, un precio, una valoración, un evento. Es lo que abre la puerta a los resultados destacados.
Si vendes en una zona concreta: cómo apareces en el mapa y en las búsquedas con intención local, que son las que traen a alguien que puede presentarse en tu puerta.
Si hay varios idiomas o países: que cada versión se le sirva a quien toca y que ninguna canibalice a las demás. Es donde más webs multiidioma pierden tráfico sin enterarse.
Qué páginas tuyas están realmente dentro del índice de Google, cuáles no y por qué. Una página que no está indexada, sencillamente, no existe.
Que el robot pueda entrar, recorrer la web entera y no chocarse con nada por el camino. Un bloqueo aquí puede tirar abajo todo lo demás por bien hecho que esté.
Google indexa la versión móvil de tu web, no la de escritorio. Lo que ahí no funcione, no funciona: da igual lo bien que se vea en un ordenador.
Cuánto tarda la web en ser usable de verdad. Es factor de posicionamiento, y sobre todo es lo que decide cuánta gente se queda en lugar de volver atrás.
De todo esto no sale un listado de errores, sale un plan: qué se arregla primero porque bloquea al resto, qué después porque es lo que más tráfico devuelve, y qué puede esperar.
No perseguimos rankings por vanidad: cada posición ganada se traduce en visitas que llaman, escriben y compran. Esto es lo que ve un cliente nuestro en su Search Console.



Nos tomamos en serio cada proyecto. Antes de darte un presupuesto, queremos entender tu negocio. La primera conversación es gratuita y sin compromiso.
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